martes, 19 de julio de 2011

Lo que es y no es el 19 de julio.

El 19 de julio de 1936 no puede ser una fecha más en la memoria colectiva de la clase trabajadora en España. La mayor obra de transformación social jamás realizada en la historia comenzó a forjarse cuando el proletariado ibérico decidió acabar con la militarada fascista e iniciar una Revolución Social que trajera igualdad y justicia como nunca antes había existido. La clase obrera en su mayoría organizada en las diversas organizaciones del Movimiento Libertario (CNT-AIT, FAI, FIJL y MMLL) germinó en los meses posteriores a julio mientras se luchaba en el frente contra la barbarie fascista la obra que desde hace décadas se venía gestando en España, y que había dejado por el camino la sangre y el sufrimiento de miles de anarquistas, así como el esfuerzo y el trabajo de varias generaciones por la consecución de la sociedad que anhelaban.

Por todo eso y mucho más, el 19 de julio no puede ser renegado al olvido de la historia tal y como se pretende desde el poder oficial mediante la burda manipulación histórica, convirtiendo la Guerra Civil en una mera confrontación entre hermanos o con la tibia visión de “nacionales” y “republicanos”. Los primeros son ahora los fascistas de antaño y los segundos son la pequeña y mediana burguesía enmarcada en el pasado en el PSOE y el PCE y en la actualidad perteneciente a esos mismos partidos y sus diferentes emuladores con distinto nombre. La colectividades, la socialización de las industrias, la libertad como antes no se había dado, la solidaridad y el apoyo mutuo… todo ello son muestra de la viabilidad de la sociedad anarquista organizada bajo el comunismo libertario u otras etapas de transición al mismo. La clase dominante teme igual que en el pasado que esas ideas vivas todavía, vuelvan a germinar entre los trabajadores de este país y del mundo entero. Por eso no dudarán en poner toda su fuerza y empeño en controlar el pasado y la visión que de él se tenga. Antes incluso de la Transición desde el Régimen Franquista o desde la “izquierda” integrada en el sistema viene realizándose una labor de olvido y entierro de las acontecimientos revolucionarios vividos en tierras españolas. La dominación es consciente de la importante tarea que resulta la eliminación de la memoria colectiva de la clase trabajadora, y ya no solo con el episodio revolucionaria de 1936, sino con todas las luchas y acontecimientos que tuvieron como sujeto principal a los trabajadores a lo largo de la historia, desarraigando así a las gentes de su pasado se logra hacer individuos aislados los unos de los otros, “desclasados” y sin ningún pasado que los otorgue ningún tipo de vínculo que le resulte a la burguesía y su actual “orden” establecido una amenaza.

Sin embargo tenemos que señalar que la Revolución Social iniciado el 19 de julio de 1936 tampoco puede convertirse en algo carente de autoanálisis crítico y enseñanza para las generaciones futuras. La obra revolucionaria iniciada ese verano pronto empezó a ganarse innumerables enemigos y no solo en el bando faccioso al otro lado de la barricada, sino en el propio corazón de las organizaciones antifascistas y también las libertarias. La pequeña y mediana burguesía fiel a la República que veía en ella una defensa de sus intereses frente a las conquistas revolucionarias de los trabajadores, pronto salió a relucir tras las primeras semanas de Revolución, escudándose en las fuerzas estalinistas del PCE y del PSUC y en la socialdemocracia de los partidos nacionalistas como ERC o del propio PSOE y la UGT. Quedaba iniciada la obra contrarrevolucionaria destinada a frenar los impulsos transformadores que el pueblo trabajador estaba llevando acabó y para ello contó con la traición de los burócratas disfrazados de libertarios introducidos en las organizaciones anarquistas. Tras un conjunto de ataques a la Revolución (militarización de las milicias, aumento de los privilegios de la pequeña y mediana burguesía, asesinatos de anarquistas...) el proletariado dijo basta en mayo del 37 e inició una sublevación contra todos aquellos que se habían mostrado como traidores con la clase obrera,como consecuencia de la agresión directa de la alianza gubernamental de burgueses y sovietistas y ante la clara complicidad de los comités de las organizaciones libertarias. Por desgracia, el proletariado fue derrotado y se constató la traición de las cúpulas de las organizaciones libertarias en consonancia con burócratas y estalinistas. La revolución y la guerra eran inseparables y su separación conllevaría la victoria de las fuerzas fascistas tal y como pudo constatarse años más tarde con la definitiva derrota del bando republicano.

Por eso, aquellos que aún pretendan continuar la obra emprendida por los trabajadores en julio de 1936 no pueden desvincular esa fecha de los acontecimientos de mayo. El espíritu revolucionario de julio no es nada sin el espíritu revolucionario de mayo y sin el consiguiente análisis crítico de los errores cometidos en el pasado. No podemos convertir nuestra historia en un mero objeto caduco y falto de enseñanzas en el presente. Y la historia nos ha enseñado que el enemigo no siempre está al otro lado de la barricada, a veces se geste dentro de nosotros mismos. No podemos volver a tropezar con la misma piedra.

De nosotros depende no olvidar las enseñanzas del 19 de julio para logar la definitiva aniquilación de todos los males originados por el capitalismo y el Estado, recordemos esa fecha, honremos nuestro pasado y sobre todo, aprendamos de él.

Seguiremos adelante, en el presente, manteniendo viva la llama de la revolución enfrentándonos a cualquier autoridad, venga de donde venga.


Hoy como ayer:

¡Por la Revolución Social!
¡Por la anarquía!

Grupo Bandera Negra, adherido a la Federación Ibérica de Juventudes Anarquistas.